Recuperar la Cultura Matrística I

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La Matrística es un término acuñado por Ernest Borneman en 1975, desestimando el término de ‘matriarcado’, que se venía utilizando habitualmente en antropología, por su alusión etimológica al ‘archos’ del griego ‘mandar’, y por su absoluta ausencia de paralelismo con el concepto de ‘patriarcado’. (Casilda Rodrigáñez, 2019)

 

Y es que veces se habla de matriarcado, como la oposición o la alternativa al patriarcado. Sin embargo, la cultura matriarcal (si es que fuera posible su existencia dentro del sistema social político y cultural patriarcal o conviviendo inserto en él) tendría las mismas características y valores rectores que la cultura patriarcal, con la diferencia de que quienes dominaran serían mujeres.

Se da la misma confusión cuando se habla de feminismo como contrario al machismo (en todo caso, si el enaltecimiento de  una falsa superioridad de las mujeres sobre los hombres, fuera posible dentro de sistema patriarcal, hablaríamos de hembrismo).

En los dos casos, hembrismo y matriarcado podríamos -con serías dudas- identificar casos o situaciones individuales, pero nunca harían referencia a un sistema social organizado con poderes institucionales, etc. Y en ambos casos, hablaríamos de relaciones basadas en jerarquía, opresión, que generan discriminación que utilizan diferentes tipos de violencias para lograr sus objetivos, casi siempre relacionados con el poder-dominación.

Me pregunto por qué se siguen dando estos debates #ni michismi ni feminismi#, cuando la definición de feminismo está al alcance de todas, todes, todos.

El feminismo, hace referencia a un conjunto de movimientos sociales, teorías y prácticas políticas, iniciadas formalmente a finales del siglo XVIII, en abierta crítica de las relaciones sociales, históricas pasadas y presentes, motivadas principalmente por la experiencia y la toma de conciencia de las mujeres como colectivo (Sau, 2000)

Se realiza una crítica a la desigualdad social entre mujeres y hombres y se proclama la promoción de los derechos de las mujeres. Las Teorías Feministas cuestionan la relación entre sexo, sexualidad y poder social, político o económico. Muchas personas líderes feministas han sido y son mujeres, pero no todas las mujeres son feministas y no todas las personas feministas son mujeres. Cada vez más hombres se autodenominan feministas.

 

Cuando hablamos de Matrística hablamos de la cultura original, (previa a la cultura actual que conocemos como patriarcado) que se desarrolló entre 5.000 y 7.000 años atrás en diferentes culturas de la tierra, como vienen demostrando investigaciones arqueológicas y gracias también al avance de la ciencia (Riane Eisler, 1987)

Matrística, de Matríztica, en referencia a nuestra matriz, nuestro útero, el de cada una de las mujeres y también a la matriz ecosistémica, biológica y cultural que nos acoge y contiene y que está constituida por una trama de relaciones basada el encuentro mutuo desde el amor.

(Ximena Dávila y Humberto Maturana)

La cultura matrística hace referencia a la fuerza vital del femenino que se constituye en cualquier ser humano, mujeres, hombres. Es la fuerza de la pertenencia a la naturaleza y la salud de sus ecosistemas desde los niveles más micro individuales neurobiológicos, los relacionales y vinculares llegando a los macro sociales del bien común.

La cultura matrística se construye sobre la cooperación no jerárquica, la participación, la confianza, las relaciones basadas en el apoyo mutuo y el amor.

Lejos de la cultura patriarcal que conocemos, basada en la dominación, la jerarquía, la competencia y el sometimiento, la desconfianza y el miedo.

 

El Patriarcado es el sistema social, político y cultural actual que se caracteriza por una distribución desigual del poder entre hombres y mujeres. Es un sistema de organización social en el que los puestos clave de poder (político, económico, empresarial, sanitario, religioso, militar…) se encuentran, exclusiva o mayoritariamente, en manos de varones y en el que el androcentrismo (construido sobre la raíz andro (ἀνδρός «Hombre, varón» en el centro) supone la práctica, consciente o no, de otorgar al varón y a su punto de vista una posición central en el mundo, las sociedades, la cultura, la historia y la ciencia (Gerda Lerner).

 

El Modelo sociocultural Androcéntrico–Patriarcal en el que vivimos actualmente ha sustentado la supremacía masculina y la subordinación femenina. Y aunque hay diferencias entre sociedades y estados (Alicia Puleo distingue entre patriarcados de coerción y patriarcados de consentimiento), encontramos principios comunes que nos facilitan su identificación:

  • Está compuesto de usos, costumbres, tradiciones, normas familiares y hábitos sociales, ideas, prejuicios, símbolos, e incluso leyes cuya enseñanza-aprendizaje asegura su transmisión de generación en generación.

 

  • Define los roles o estereotipos sexuales y los hace aparecer como naturales y universales.

 

  • Las mujeres están expuestas a distintos grados y tipos de opresión patriarcal, violencias explícitas, simbólicas y estructurales, algunas comunes a todas y otras no.

 

  • Fue la primera estructura de dominación y subordinación de la historia y aún hoy sigue siendo un sistema básico de la dominación, el más poderoso y duradero de desigualdad y el que menos se percibe como tal. Está normalizado, naturalizado. Es el patriarcado invisible, incluso amable y paternalista. La misoginia hoy es tan estructural que resulta muy complejo detectarla fuera y más aún detectar la misoginia y el patriarcado internalizado.

 

  • Desarrolla mecanismos para la invisibilidad de las mujeres y de su mundo, la negación de una mirada femenina y la ocultación, estigmatización o represión más o menos explícita y violenta de las incomodidades, desacuerdos, disidencias o resistencias realizadas por las mujeres. Las actividades, valores, costumbres, comportamientos, preocupaciones y ocupaciones consideradas como femeninos se infravaloran o son motivo de mofa.

 

  • La cultura masculina se convierte en símbolo de lo universal y representa lo que socialmente se considera importante, lo que tiene valor, y lo que da estatus social. La Visión del mundo y de las relaciones sociales se centra en el punto de vista masculino.

 

  • Desde el punto de vista teórico y del conocimiento, los hombres son el centro y la medida de todas las cosas, ocultando y haciendo invisibles o poco significativas las necesidades, las experiencias, aportaciones y avances de las mujeres a la sociedad, a la ciencia y al progreso de la humanidad.

 

  • Esto implica que mucho de la experiencia femenina queda invisibilizada, ninguneada, silenciada o se convierte en tabú (la menstruación, el climaterio y menopausia, la maternidad, los loquios del postparto, la lactancia, la sexualidad femenina no falocéntrica, etc.)

 

  • Confunde humanidad con hombre-varón. El mundo se define en masculino y al hombre se le atribuye la representación de la humanidad entera. Esto se pone de manifiesto especialmente en ámbitos como la salud, donde las necesidades específicas de las mujeres son ninguneadas e infravaloradas, reciben menos financiación para investigación o directamente son palogizadas y medicalizadas.

 

  • Esta dominación no se ha expresado sólo a través del sexismo y el machismo, sino, también, a través de la disociación mente-cuerpo, la tiranía de la razón sobre la emoción y el placer instintivo, y a través de una sobrevaloración del saber a expensas del amor y de la libertad (Claudio Naranjo)

Cuando hablamos de deconstrucción feminista, de deconstrucción del patriarcado interior, estamos haciendo alusión a este trabajo de revisar, cuestionar, transformar estos valores, pensamientos y prácticas, de desaprender roles y mandatos de Género y reconstruir conscientemente Feminidades y Masculinidades desde el Feminismo.

Pero vemos que esto no es suficiente. Porque seguimos viviendo en la misma estructura patriarcal que nos limita y nos hace pensarnos y sentirnos desde sus valores y sus principios, nos hace compararnos constantemente, esforzarnos por adaptarnos y encajar o definirnos como la otredad en comparación con la referencia masculina, y esto nos lleva a sentirnos en carencia, inadecuadas, insuficientes, rechazadas (y nos autorechazamos, criticamos, autoexigimos) o nos mantiene enfadadas, reaccionando, en rebeldía.

Sumisas o rebeldes, buenas o malas hijas del patriarcado, aceptándolo o luchando contra él, seguimos poniéndolo en el centro.

Querer crecer y ser más libres y felices con el patriarcado como referencia, nos sigue ubicando en los márgenes.

Y el camino quizá es más ir logrando que los márgenes ocupen el centro.

Por ello es necesario esta revisión más profunda, para poner en el centro los valores matrísticos que legitiman esta otra manera de estar en el mundo y de relacionarnos sin que los valores patriarcales sean nuestro marco de referencia, de comparación y de definición.

Por ello hablamos de recuperar la cultura matrística.

Creando Cultura en nuestro día a día. Con nuestros actos cotidianos y nuestra manera de relacionarnos. Una Ética que sea coherente con los valores del buen vivir y del bien común.

 

(Sigue aquí: Cultura Matrística II)

 

En el Grupo Online Matrísticas

Nos encontramos, martes alternos, para sentipensar, cuestionar, seguir creciendo y definiéndonos por nosotras mismas desplegándonos sobre los escombros de nuestros patriarcados interiores.

 

Referencias (visibilizando los nombres y la autoría de mujeres):

Alicia Puleo, Ecofeminismo para otro mundo posible

Aurelia Martín Casares, Antropología del Género

Casilda Rodrigáñez, La matrística aquí y ahora

Casilda Rodrigáñez, El vacío de maternidad y la revolución feminista

Casilda Rodrigáñez, El Asalto al Hades

Clarissa Pínkola Estés, Mujeres que corren con los lobos

Ernest Borneman (1975), ‘Le Patriarcat’

Franca Basaglia, Mujer, locura y sociedad

Gerda Lerner, La creación del Patriarcado

Henrietta L. More, Antropología y Feminismo

Johann Jakob Bachofen (1861), ‘Das Mutterrecht’. En castellano: ‘Mitología arcaica y derecho materno’

Johann Jakob Bachofen, El matricarcado, Investigación sobre ginecocracia en el mundo antiguo

Humberto Maturana, Cultura matrística y la cultura patriarcal

Librería de Mujeres de Milán, S., & Rivera Garretas, El final del patriarcado ha ocurrido y no por casualidad”

Marcela Lagarde, El feminismo en mi vida. Hitos, claves y topías.

Marija Gimbutas, Diosas y dioses de la vieja Europa

Marija Gimbutas, El lenguaje de la diosa

Riane Eisler, El cáliz y la espada

Silvia Federici: Calibán y la bruja, Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva

Victoria Sau, ‘El Vacío de Maternidad’,

Ximena Dávila, Humberto Maturana, El árbol del vivir

 

Y tantas otras feministas referentes, académicas, autoras, activistas, amigas, vecinas que contribuyen con sus reflexiones y sus prácticas.

Gracias a toda la genealogía femenina y feminista.

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