A tu niña interna

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Hoy le escribo a tu niña interior. A la niña que fuiste y que aún vive en ti.

Ojalá esta noche, 5 de enero, puedas conectar con ella, con su magia, su emoción e ilusión.

Ojalá puedas recuperar la alegría, la vitalidad que le daban la fuerza. La claridad y confianza interior que sentías para entregarte al juego, al presente, a perder la noción del tiempo en lo placentero.

Ojalá puedas abrazar, nutrir, reparar a esa niña que tuvo que convertirse en demasiado buena. En rebelde por oposición, una u otra, para tratar de ser vista.

Ojalá puedas reparar la culpa, la vergüenza, el sentirte demasiado pequeña, demasiado poco, no suficiente, no merecedora, incluso impostora.

Ojalá puedas reparar el miedo a expresar toda tu grandeza, todo tu poder.
A conectar con TU VERDAD y mostrarla.

Ojalá puedas dejar de dudar de ti.
Ojalá puedas escuchar a tu intuición y tu sabiduría, fiarte de ellas, seguirlas. Seguirte.

Ojalá puedas dejar de sentirte culpable por desear más, soñar más, ansiar más, por sentipensar en ti y no sólo en los demás como te dijeron que debía ser. Por anteponerte y sentirte egoísta, ingrata, mala.

Ojalá puedas dejar de temer la confrontación, la defensa de tus propias necesidades, deseos y derechos.

Ojalá dejes de pensar que si no eres agradable no te querrán, no te protegerán, te rechazarán.

Ojalá dejes de repetir el patrón de abandonarte a ti misma, de rechazarte a ti misma cuando sientes emociones que te contrarían o te incomodan.

Ojalá dejes de temer la fuerza de tu rabia, tu ira y tu justa cólera.

Ojalá puedas reconocer, nombrar, reparar todas las violencias sutiles y normalizadas que viviste sin comprender lo que sucedía ni el malestar que te provocaba.

Ojalá puedas reconocer que tu fortaleza no está en la dureza de tu coraza.
Ni tu valor en tu exigencia, autocrítica, en tu arduo trabajo para hacer todo bien, en cumplir inflexiblemente las expectativas sobre ti misma (las tuyas o las de otros).

Ojalá dejes de enfadarte con tu cuerpo, sus necesidades, sus ritmos y sus ciclos.
Ojalá reconquistes el placer. La sexualidad y la energía de vida que fue reprimida, acallada. Deshabitada.

Ojalá puedas abrazar a tu niña interior, a la niña que fuiste, y decirle: Estoy aquí. Te quiero, así como eres. Todo está bien en ti. Me quedo contigo. Yo cuidaré de ti.

Ojalá esta noche puedas ser tu propia Reina Maga, y te traigas los regalos más sagrados, oro, incienso y mirra, luz, fuerza y amor.

 

Muchas de las dificultades que tenemos hoy en día como adultas, tienen su origen en aspectos que se nos quedaron pendientes cuándo éramos niñas. Y muchas dificultades que tenemos con nosotras mismas, tienen que ver con el momento en el que dejamos de ser lineales y comenzamos a ser cíclicas (con la llegada de nuestra primera menstruación). La mayoría de nosotras no fuimos acompañadas de la manera que necesitábamos y no pudimos comprender ni acompañarnos a nosotras mismas en esos cambios internos por los que, desde entonces, transitamos cada mes.

Hacerlo ahora nos ayuda a reparar. Nos ayuda a hacernos la vida mucho más sencilla en lo cotidiano, facilita las relaciones, nos ayuda a prevenir y suavizar conflictos (internos y externos), nos ayuda a comprendernos a nosotras mismas, a entender y dar valor a nuestras necesidades, nos descubre una nueva dimensión del amor y el respeto por nosotras mismas.
Y es la mejor preparación y prevención para que el climaterio y la llegada de la menopausia no se convierta en una continuación del síndrome premenstrual patriarcal repleto de síntomas, malestares y vergüenza.

La resignificación feminista nos reconcilia con nuestros cuerpos y nuestros ciclos vitales.
Si quieres un espacio seguro donde hacer todo este trabajo de indagación, el próximo 16 de Enero comenzamos un nuevo grupo Ciclo Menstrual, Sabiduría y Poder

Toda la información aquí

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