Grupo de Intervisión para Mujeres Terapeutas en Madrid

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La profesión de terapeuta suele implicar bastante soledad, convivimos con un alto nivel de intensidad emocional (ajena y propia), que requiere de nosotras altas dosis de presencia, escucha, empatía y claridad mental.

Lo que nos sucede en el interior de la consulta, con cada persona con la que trabajamos, va haciendo poso en nosotras y no siempre nos resulta sencillo encontrar espacios de reflexión e integración para ir canalizando, dando lugar y encontrar el sentido de coherencia a lo vivido, lo pensado, lo «contagiado» emocionalmente.

También porque vivimos en un sistema en el que lo anormal está normalizado. Normalizando la negación de los ciclos y las estaciones de la psique, del alma y de la piel. Nuestros ciclos internos siguen siendo forzados a adaptarse a ritmos artificialmente tecnológicos y lineales. Lo personal es político, y lo cultural y político también va calando, se va haciendo cuerpo y mandato introyectado en nosotras, hasta que se vuelve personal, impactando también en lo profesional. Y caemos en trampas y autotrampas que demasiado frecuentemente nos llevan a sufrir sequedad, cansancio y añoranza.

Especialmente si trabajamos cerca del trauma y en contacto con relatos de violencias, conocemos las secuelas de la psicofisiología de la fatiga por compasión y el trauma vicario, y la necesidad de equilibrar nuestra implicación empática, regular la activación de nuestro sistema nervioso y mantener nuestra habilidad para pensar con claridad.

Algunos síntomas que pueden indicar que nos acercamos al burn-out y la necesidad de autocuidado profesional son:
sentirnos habitualmente cansadas, desgastadas, enfadadas, o impotentes y desanimadas, con sensaciones de fracaso, baja autoestima profesional, con miedo a las posibles consecuencias o irreversibilidad de nuestras intervenciones o todo lo contrario: desarrollando ideas grandiosas y omnipotentes sobre lo fundamental e imprescindible de nuestra presencia en la vida de las personas con las que trabajamos. Desde una polaridad u otra, podemos saltarnos nuestros propios límites o dejar que sean sobrepasados. Tener interminables listas de pendientes por hacer, mantenernos en alerta emocional permanente, dificultad para parar y relajarnos, agotamiento mental, mostrarnos cada día más cínicas, desconfiadas, críticas o descreídas o sentir que necesitamos poner distancia, anestesiarnos emocionalmente, dejar de contactar «tanto» con el dolor propio y ajeno, insensibilizarnos para poder seguir trabajando, perder la conexión con nosotras mismas y nuestra capacidad de autoescucha, autenticidad, espontaneidad, creatividad, capacidad de disfrute y placer, y además sintiendo vergüenza y culpa por no cuidarnos como sabemos que deberíamos.

Podemos atravesar cíclicamente crisis personales o profesionales, dejar duelos incompletos, robarnos tiempos de calidad y disfrute y ocio, viviendo desde la carencia, el sobreesfuerzo, el sacrificio y la sobreentrega a los demás. Negando o ignorando nuestros propios síntomas y malestares y descuidando nuestra salud física y emocional, porque siempre podemos hacer un poco más.

Conscientes de la responsabilidad que tenemos como terapeutas y de la necesidad de espacios de nutrición profunda y verdaderamente nutricia de alma, cuerpo y ser, ofrecemos un espacio y un tiempo de encuentro en calma, un paréntesis en nuestra rutina de trabajo para:

  • La intervisión grupal sobre aspectos comunes que nos preocupan y ocupan en nuestra práctica profesional.
  • Encontrarnos con nosotras mismas, para nutrirnos la piel y el alma
  • La cocreación reflexiva de estrategias de autocuidado y sostén, de manera que podamos ofrecer esa nutrición e inspiración, presencia y escucha después a las personas con las que trabajamos.
  • Tomar mayor conciencia de los efectos de la transferencia y contra-transferencia para utilizarlas a favor del trabajo y la relación terapéutica y diferenciarlas de las reacciones apropiadas a las circunstancias.
  • Atender las consecuencias de las resonancias emocionales y la empatía somática insconsciente.
  • Contactar con la alegría del movimiento y la vitalidad.

La propuesta metodológica de partida surge del encuentro entre el libro de Clarisa Pínkola Estés «Mujeres que corren con los lobos» y la metodología desarrollada por Jaqui Zieler y la Fundación Creavida en Argentina durante más de 30 años en torno a la profundización en cada uno de los cuentos que compone el libro. Puedes leer más sobre los grupos y el trabajo desarrollado en Argentina aquí.

Desde un enfoque Humanista Integrativo, que incluye la mirada psicodinámica, la sistémica, de género y feminista, salutogénica, el trabajo psicocorporal desde el sistema Río Abierto (que integra Gestalt, Bioenergética, terapias energéticas, creativas y enfoque Transpersonal)

 

Fechas y temas:

  • 24 Enero: la ruptura del encuadre terapéutico
  • 21 Febrero: El desgaste físico, creativo, emocional y mental
  • 13 Marzo: Autoexigencia, y exigencia: el perfeccionismo
  • 17 Abril: Los límites conmigo y con pacientes
  • 22 mayo: pacientes que me generan conflicto o ambivalencia emocional
  • 12 Junio: La relación con el dinero y la confianza

Horario: de 10:30 a 13:30

Facilitamos:

María Ramos González: psicóloga especializada en género, infancia y familia. Colegiada M 17586. www.mariaramosgonzalez.com

Mónica Sánchez Gallego, psicóloga y terapeuta psicocorporal Colegiada M-18806 www.monicasanchezgallego.com

En Nara Psicología

Calle Tomás Bretón, 6 Madrid

Inscripción:

Precio: 50€ reserva de plaza (a descontar)

250€ curso completo

Inscripción en narapsicologia.es/formación/

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